Dentro de este hermoso deporte que es el básquet. Hemos tenido muchos grandes. Cada uno con sus características y cada uno especial en su sentido. Yo tuve la oportunidad de ver al que para mí ha sido, el grande entre los grandes: Micheal Jordan. Ahora los niños de hoy en día seguro ven a Jordan y en lo único que piensan es en el tenis divertido y cómodo que venden. Otros tal vez si hayan escuchado a sus padres o hermanos mayores hablar del gran icono que gracias a Dios sigue vivo y entre nosotros. Pero ninguno comprenderá lo que Jordan fue para la generación de niños de los 90s y como influencio mucho en que nos apasione el basquetbol.

Para comenzar, no era solo su increíble talento que pasaba de lanzar tiros libres con los ojos cerrados a casi que volar de un lado de la cancha a otro con un salto. Sino que nos enseñó también a amar a tu equipo y al prójimo con el que juegas, celebrar las victorias como también dar ánimos y fuerzas durante las derrotas. Nos enseñó que como equipo lo mejor que tenemos es la unión y debemos trabajar eso y sacarle provecho en todo momento. Que todo juego debe de jugarse con pasión hasta el último segundo,  y de ser así no habrá quien se entrometa entre tu meta y tú. Por último, Jordán también siempre nos dio una clara imagen de la importancia de defender los colores de tu país y sentirte orgulloso de tus raíces. Porque al final y al cabo tus raíces son lo que hacen lo que eres, y si llegas al éxito es gracias a ello también.

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